jueves, 18 de noviembre de 2010

Si es que, al final, no me puedo resistir.

Fuentes de toda solvencia asegurar que la siguiente noticia es cierta, aunque pueda parecer una broma de mal gusto.



III. OTRAS DISPOSICIONES
PRESIDENCIA DEL GOBIERNO

17123

Real Decreto 1494/2010, de 5 de noviembre, por el que se concede la Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III a doña Bibiana Aído Almagro.

Queriendo dar una muestra de Mi Real aprecio a doña Bibiana Aído Almagro, a propuesta del Presidente del Gobierno y previa deliberación del Consejo de Ministros en su reunión del día 5 de noviembre de 2010,Vengo en concederle la Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III.
Dado en Madrid, el 5 de noviembre de 2010.
JUAN CARLOS R.
El Presidente del Gobierno,
JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO





No pudiendo dudar de la fuente, BOE, solo me queda pedir la mía porque con los casi 30 años de cotización a la Seguridad Social que llevo a mis espaldas lo mismo hasta me la he ganado.

lunes, 19 de abril de 2010

Tontuna linguistica y otros pecados menores

Suelo ser muy reincidente en lo de la educación y nada dado a difundir lo que me llega por correo electronico en una cadena pero este escrito, que me ha llegado a traves de una muy buena amiga filologa, merece una lectura y además que lo apliquemos en la via diaria. Afortunadamente esta no es del estilo "Si no se la mandas a N personas en N minutos se te caera el .....p... (lease pelo)‘

En teoria esta escrito por una por una profesora de música en un instituto público.

CONTRA LA TONTUNA LINGÜÍSTICA, UN POCO DE GRAMÁTICA BIEN EXPLICADA

Yo no soy víctima de la LOGSE. Tengo 48 años y he tenido la suerte de estudiar bajo unos planes educativos buenos, que primaban el esfuerzo y la formación de los alumnos por encima de las estadísticas de aprobados y dela propaganda política. En párvulos (así se llamaba entonces lo que hoy es "educación infantil", mire usted) empecé a estudiar con una cartilla que todavía recuerdo perfectamente: la A de "araña", la E de "elefante", la I de "iglesia" la O de "ojo" y la U de "uña". Luego, cuando eras un poco más mayor, llegaba "El Parvulito", un librito con poco más de 100 páginas y un montón de lecturas, no como ahora, que pagas por tres tomos llenos de dibujos que apenas traen texto. Eso sí, en el Parvulito, no había que colorear ninguna página, que para eso teníamos cuadernos.

En EGB estudiábamos Lengua Española, Matemáticas (las llamábamos "tracas" o "matracas") Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Plástica (dibujo y trabajos manuales), Religión y Educación Física. En 8º de EGB, si en un examen tenías una falta de ortografía del tipo de "b en vez de v" o cinco faltas acentos, te suspendían. En BUP, aunque yo era de Ciencias, estudié Historia de España (en 1º), Latín y Literatura (en 2º) y (en 3º y en COU). Todavía me acuerdo de las declinaciones (la 1ª.: rosa, rosa, rosa, rosae, rosae, rosa en el singular; -ae, -ae, -as, -arum, -is, -is, en el plural; la segunda;-us, -e, -um, -i, -o, -o, en el singular; -i, -i -os, -orum, -is, -is, en el plural; no sigo que os aburro), de los verbos (poto, potas, potare, potabi, potatum, el verbo beber), de algunas traducciones ("lupus et agni in fluvi ripa aqua potaban; superior erat lupus longeque agni": el lobo y elcordero bebían agua en el río; el lobo estaba arriba, lejos del cordero; "mihi amiticia cum domino erat": yo era amigo del señor).

Leí El Quijote y el Lazarillo de Tormes; leí las "Coplas a la Muerte de su Padre" de Jorge Manrique, a Garcilaso, a Góngora, a Lope de Vega o a Espronceda. Pero, sobre todo, aprendí a hablar y a escribir con corrección. Aprendí a amar nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura. Aprendí que se dice "Presidente" y no Presidenta, aunque sea una mujer la que desempeñe el cargo. Y... vamos con la Gramática. En castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar es "atacante"; el de salir es "saliente"; el de cantar es "cantante" y el de existir, "existente". ¿Cuál es el del verbo ser? Es "el ente", que significa "el que tiene entidad", en definitiva "el que es". Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación "-nte".

Así, al que preside, se le llama "presidente" y nunca "presidenta" , independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción. De manera análoga, se dice "capilla ardiente", no "ardienta"; se dice "estudiante" , no "estudianta" ; se dice "independiente" y no "independienta" ; "paciente", no “pacienta"; "dirigente", no dirigenta"; "residente", o "residenta”.

Y ahora, la pregunta del millón: nuestros políticos y muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son "periodistos" ), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española? Creo que por las dos razones. Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos los hace más ignorantes (a ellos y a sus seguidores).

No me gustan las cadenas de correos electrónicos (suelo eliminarlas) pero, por una vez, os propongo que paséis el mensaje a vuestros amigos y conocidos, en la esperanza de que llegue finalmente a esos ignorantes semovientes (no "ignorantas semovientas" , aunque ocupen carteras ministeriales) .

Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el violinisto, el taxidermisto, el telefonisto, el sajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!.

miércoles, 14 de abril de 2010

La importancia de hablar bien.

Es frecuente, harto frecuente, que a aquellas personas, niños en su mayoría, que sobresalen por su dedicación al estudio y su corrección en la expresión hablada y escrita se les tilde de “empollones” y “repipis”. Es decir, ya desde la más tierna infancia sobresalir, en este caso por algo loable y encomiable como es la educación, se penaliza contundentemente. El asunto no mejora en absoluto cuando se alcanza la pubertad, esa edad indefinida que los adultos denominamos “la edad del pavo”. Persistiendo el supuesto, es decir el chico o chica, ya algo más crecido, que destaca por su corrección y dedicación al estudio, y al que le cambian el apellido atribuido por su entorno y pasa a ser “el motivado”. Termino muy actual que contiene en el tono toda la carga de desprecio que la masa en abstracto dispensa a los que son distintos al resto de la manada. Luego la vida te muestra numerosas ocasiones en las que hablar correctamente te puede sacar de algún aprieto y no hacerlo meterte de cabeza en un atolladero.

Esto que les escribo me ha hecho recordar con sumo cariño a la persona protagonista de una entretenida anécdota y que trabajó en mi oficina, hace ya algunas primaveras. Una muchacha alegre y pizpireta, como correspondía con su insultante juventud, que tenía un punto “gamberro” notable y sumamente divertido. Su manera de expresarse, siendo educada y cortes, distaba de ser correcta y ella lo atribuía a que durante su infancia, que había pasado en la Guinea española hasta que el país alcanzó la independencia, estuvo al cargo de un “ayo” o criado nativo de quien recibió enseñanzas en portugués que unidas a las recibidas en español de sus progenitores alcanzaron su máximo exponente en el idioma que hablaba. En sus propias palabras “portuñol”. Ella no daba demasiada importancia a lo que decía hasta que vivió lo que procedo a relatar que le hizo cambiar, y radicalmente, de opinión esmerándose en lo que decía y como lo decía.

La cosa sucedió más o menos así. Aficionada al esquí como era, había acudido a las pistas de Navacerrada con su grupo de amigos y el entonces novio, luego flamante marido. Finalizada la jornada procedieron a recuperarse mediante un ágape en “Venta Arias”, conocido restaurante del puerto de Navacerrada en Madrid. Al, probablemente, frugal refrigerio, pues ya era entrada la tarde, le siguió un reconfortante café del que mi amiga, en nombre del grupo, se encargo en persona. Se dirigió al camarero de la barra y muy resuelta le solicito una serie de cafés, en sus múltiples variedades y por último, y cito textualmente, “un caliqueño”. La cara del camarero era un poema ya que no acertaba a entender cuáles eran las pretensiones de mi amiga y muy correctamente le pidió que le describiese, exactamente, a que se refería. Mi amiga, que empezaba a intuir que algo no encajaba replico “bueno, pues eso, un caliqueño. A ver, café con un poco de coñac”. El camarero sonrió y confirmo sus temores. No iba a haber “tema”. Educadamente la atendió, sirvió y cobró lo servido.

De vuelta a la mesa, mi amiga, bastante escamada, llevo en un aparte a su novio y le conto lo sucedido. El novio sí que puso primero cara de espanto y luego una sonora carcajada en su rostro al explicarle que lo que había pedido se llamaba “carajillo” y que lo que solicitaba al camarero era algo, profundamente diferente, que, luego, en privado, le explicaría con detalle porque una cosa era una cosa y otra, otra.

Por si acaso cuiden el lenguaje o no. Todo depende.

martes, 6 de abril de 2010

La mudanza

Era momento de tomarse un respiro. Allí, sentada en la caja de cartón que acababa de precintar, dio un repaso a lo que había sido su vida en aquella casa. Como en ese regreso a las imágenes que han conformado tu pasado, que, según dicen, se perciben cuando te mueres, ordenada y pausadamente numerosas fotografías y sensaciones atravesaron su mente como si las estuviese viviendo de nuevo.

– ¡Que nervios!, ¡Que ilusión! Ya tenemos casa. Se nos sale un poco del presupuesto, pero no hemos podido dejarla escapar. Solo espero que todo salga bien, que nos concedan la hipoteca y junto con los ahorros se la pagamos a la inmobiliaria. – Era tan cercano y palpable que aún le parecía oír el eco de sus propias palabras contándoselo a sus padres. – Tenéis que verla. –

Los muebles, los electrodomésticos. ¡Qué verbena! Todo nuevo, recién comprado, aún por estrenar. Sonaba el teléfono y era otro transportista con más objetos para la casa La obra recién acabada y con la pintura aún fresca en las paredes. No veía el momento en que abriría la puerta para habitarla. Y llegó. Pasó a ser su casa con mayúsculas. Le faltaban accesorios, adornos, casi todas las cortinas y algunos muebles, pero era su casa. Sus libros estaban en las estanterías. Su ropa en los armarios y la persona a quien quería, Juan, justo a su lado.

El tiempo pasó en un suspiro y de recién casada – que raro le sonaba lo de “su marido” –, se transformo en madre. Primero uno, qué rápido creció el chiquillo. Sin apenas darse cuenta llego el otro. Y más muebles; cunas, tronas, cambiadores, camitas. Lloros, pañales, risas, juguetes por todos los rincones. Casi podía escuchar de nuevo aquellos pasitos infantiles en sus primeros andares. Sonrió para sus adentros. Aquello era un no parar sin tiempo para ella misma, pero era feliz, inmensamente feliz. Todos sus allegados coincidían. Nunca la habían visto así de radiante.

Apoyo la mano en la pared y casi pudo sentir el calor del que había sido su hogar y con el siguiente suspiro lo que no acertó a recordar era cómo se torció todo ni en qué momento se dio cuenta de que estaba sola. Que la convivencia común ya no existía y que las tardes en las que esperaba con ilusión a Juan pertenecían al pasado. Que los tiempos felices se encontraban solo en su memoria. Que su vida, sin apenas darse cuenta del cambio, era otra muy distinta y que tenía que continuar camino por sí misma en otro lugar. Al menos estaban los chiquillos. Ellos, sus sonrisas y su cariño sin límites no la abandonarían. No se permitió una sola lágrima. Miro las paredes desnudas y descubrió que la casa, su casa, de hecho ya no lo era, aunque sabía que para ella no habría otra como esta que ahora abandonaba, pues allí habían nacido y crecido lo más valioso que tenía; sus hijos. Ya no quedaba nada por hacer., Ningún armario por vaciar. Ninguna caja por armar. Los de la mudanza vendrían a la tarde a por lo que restaba. Se levantó, recogió su bolso y sus recuerdos y se marchó. Lentamente, cerró la puerta tras ella. No quiso mirar atrás.

lunes, 22 de marzo de 2010

Un Rapido - Supervivencia

En el cuento de Mulan la protagonista descubre que su padre, tras el reclutamiento forzoso decretado por el Emperador, y debido a su vieja lesión, no sobreviviría a un solo día de batalla. El muchacho que acaba de aterrizar en mi oficina, auditor para más señas, pulcro, aseado, limpito y, parece, educado, tampoco sobreviviría a unas horas en el lugar donde me crie. Es como si llevase escrito en la frente la buena crianza y educación esmerada que solo se obtiene con posibles.

No quiero que se me entienda mal, no nací en la jungla, pero si en uno de los muchos barrios del Madrid de los 60. El mío, en concreto, estaba a tan cercano a la Puerta del Sol como abandonado a su suerte por los inexistentes gobernantes de la inexistente, en esos momentos, Comunidad de Madrid. No obstante lo cual, éramos, con mucho trabajo, bastante felices y vivimos una niñez de peleas, juegos en la calle o el descampado, no, no había parque, escondite, “pídola”, churro, mediamanga y mangaentera y balón, mucho balón. Lo clásico. Uno de esos muchos barrios de trabajadores en el extrarradio de Madrid donde algunos elementos, léase “macarras” y maleantes, pseudomaleantes algunos, ya que no daban la talla, hacían difícil la convivencia vecinal y posibilitaban que los taxistas no quisieran llevarte una vez que les informabas del destino.

Todo cambio poco a poco. Costó pero cambio. Llego el progreso y tuvimos, y tenemos, hasta metro y el parque de la cuña verde. Esa es otra historia, pero tampoco ahora creo que “el auditor” lograra ni pasar desapercibido ni salir airoso del lance. A fin de cuentas, aunque algo más arregladito, sigue sin ser el barrio de Salamanca. ¡Que se le va a hacer!

Uno Rapido - La centralita

Acabo de decidirlo. Que es lunes y hay que empezar la semana con iniciativa, brío y valor. Así, sin paños calientes y la idea, que no es original, ni tampoco es mía, me la han brindado las numerosas centralitas telefónicas a donde, por mi trabajo, tengo que dirigirme. Siempre es bueno aprender. “Buenos días. Si quiere hablar con … marque el 1. Si quiere hablar con … marque el 2”. ¿Les suena de algo?

El último modelo de este sistema me ha gustado tanto que, con alguna modificación “Ad-hoc”, lo voy a exportar e implantar en mi propio domicilio. Tras escuchar la retahíla de información en espera del destinatario adecuado, marco el número y…. me cuelgan. El no va más de la sofisticación en atención telefónica.

De forma que avisados están quienes intenten contactar telefónicamente con mi domicilio. No se sorprendan si escuchan un mensaje de este porte. “Si es alguien de la familia o amigos ya conocéis el número del móvil, llamarnos por favor”. “Si quiere hablar con mi hijo pequeño marque el 1”. “Si quiere hablar con mi hijo mayor marque el 2”. “No se desanime no tengo familia numerosa”. “Si pretende venderme telefonía móvil no marque nada y, por favor, déjenos en paz”. “Si pretende hablar con mi esposa o conmigo, apunte el número 9 en una barra de hielo y espere, que le atenderemos”…..

Por si se lo preguntan, esta patentado y tiene copyright.

martes, 16 de marzo de 2010

La cultura no interesa


Desde hace tiempo tengo una sensación incomoda para la que, en realidad, no tengo muchos elementos de juicio y se basa en algo que no me ofrece mucha seguridad cual son las generalidades pero allá va. La sensación es que, ahora, por supuesto, la cultura no interesa. No mientan, que no es preciso. Ya tengo claro que todo el mundo ve la 2. Decía que la cultura no interesa y como corolario, se lee menos.

Carezco de datos contrastables, eso es obvio, pero basta comentar un poco con los compañeros de trabajo, personas más cerca de los 50, incluso ya superados, que de los 40 y que, refiriéndose a sus propios hijos, hacen esa observación. Se trata de “chavales” que han cursado estudios superiores, vamos que tienen ya una predisposición, pero que no les cuadra dedicar un rato a tan poco lucrativo menester. Y así nos va.

Esos chavales son, para eso han estudiado, los que progresan. Avanzan. Con suerte encuentran un trabajo, se convierten en profesionales de pro y les ocurre lo que paso el otro día en la cadena de Televisión autonómica de Madrid, Telemadrid. El reportaje emitido versaba sobre una muchacha que, desde Marruecos, había sido trasladada a Madrid para ser objeto de atención médica. Desconozco como se denominan en la jerga periodística a esos, yo los llamo titulares, que aparecen sobrescritos en la pantalla pero este fue, al menos, durante unos 20 segundos muy esclarecedor “…viene a España ha curarse”. No se trata de una errata mía ni lo han leído mal. Estuvo en “el aire” en directo hasta que desde producción alguien debió dar “una voz” y se corrigió. No tuve tiempo de inmortalizar el momento, “tempus fugit”, con una fotografía que ilustrase estas líneas. Fueron más rápidos.

Esto viene al hilo de otra curiosa anécdota que surgió en mi entorno. El hijo de un familiar muy cercano vino a estudiar “a la capital” y se alojo un tiempo con mi hermano. El mozo en cuestión llego a Madrid con 18 tiernas primaveras y unas ganas enormes de regresar, cada fin de semana, a su casa para ver a los amigos/novia, que se fueron mitigando conforme Madrid dio todo lo que tenía que dar de sí. Dado que la Universidad en la que iba a pasar los próximos años estaba retirada del que, ahora, iba a ser su domicilio, era menester emplear cerca de 2 horas y media al día, como poco, entre la ida y la venida, en transporte público.

Tonto de mi entreví una oportunidad opípara para que leyese, o repasase apuntes, y rellenar ese tiempo, en apariencia vacio, combatiendo el aburrimiento y culturizándose de paso y así se lo hice saber al zagal. Craso error el mío. Aquello no era viable y no porque se marease o similar en los medios de transporte. No que va. La respuesta fue mucho más cercana, contundente y sencilla. “¿Aburrirme en el transporte público? No hombre. Para eso ya tengo el teléfono móvil. Me pongo con un juego y ya está”.

Como diría el ínclito Jesulin de Ubrique. En dos palabras: Im presionante y menos mal que no le mencione que leyera a los Clásicos. Si lo llego a hacer seguro que me hubiese mirado como si fuera, tal vez lo soy, un Dinosaurio.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Tan solo una mirada

Hay miradas profundas en las que se atisba un pasado y se entrevé un futuro. Si, además, esas miradas provienen de unos ojos negro azabache en un rostro moreno que bien podía haber retratado Romero de Torres, sus efectos son devastadores. Hay miradas decía que uno no puede, ni quiere, relegar al fondo de la memoria porque suponen recuerdos imborrables en los que se revela nítida la bondad y la gratitud que solo la más tierna infancia puede, de forma impagable, regalarnos a los adultos.

Ella no lo sabe, ni lo sabrá nunca. Probablemente, dada la cotidianidad del gesto, tampoco quien estaba con ella haya caído en la cuenta y solo en la fracción de tiempo en la que se percibe una mirada y una sonrisa, yo haya reparado en cuanta gratitud, cuanta felicidad, cuanta alegría, y cuanto cariño comunicaba tan nimio y a la vez tan gran gesto. Quizás solo yo tenga esa foto en mi recuerdo y la conserve conmigo.

Porque se trataba justamente de eso, de la mirada fugaz que una niña dirigía a su padre, a la vez que le regalaba una perfecta sonrisa desde su diminuto rostro, y le transmitía alborozada sus sensaciones y sentimientos con esa añorada mezcla de inocencia y disfrute que tienen los niños. Es difícil, por no decir imposible, que se pueda decir y dar más en tan poco.

Atrás, seguro, quedaron los tiempos inciertos en los que todo era inseguro. Los tiempos en que todo eran dudas y más dudas, quebrantos y, casi con seguridad, dolor mucho dolor. Ambas partes lo saben aunque, quizás la cría con su infancia rebosando energía tenga mayor facilidad en relegarlo al olvido más profundo. Para si querrían tal olvido el padre y la madre que la desearon tanto desde hace tanto. Su condición de adultos les da para recordar, incluso cuando no se quiere recordar.

Que la mirada profunda provenga de una niña India adoptada tan solo es una anécdota que, realmente, no hace al caso.

lunes, 4 de enero de 2010

¿Papa Noel o los Reyes Magos?

El comentario, hoy 4 de enero, viene al pelo.

Que poco me gusta “Papa Noel”. No es que “a priori” tenga nada en contra de este personaje gordito y, presuntamente, de buen corazón, pero me echa para atrás que en tiempos pretéritos se vendiese al capital cambiando su indumentaria del verde al rojo sin pasar por el amarillo, gracias a la intervención del equipo de marketing y publicidad de una conocida bebida refrescante de cola. No voy a dar más pistas.

Hombre, no. Eso no se hace. Estoy de acuerdo en que el rojo probablemente sea un color más atractivo y que, inserto en mentes perversas provoque connotaciones subidas de tono, pero no es de recibo que los niños de la época en la que tuvo lugar la metamorfosis vieran como su héroe viraba al rojo así por que si. También pesa lo suyo que mi infancia estuviese por entero vinculada a la figura de los Reyes Magos. Si, lo reconozco, era hacerte un poco la puñeta que justo al día siguiente tuvieses que volver al colegio y no pudieses jugar a tu antojo con lo obsequiado por los Magos de Oriente pero así son las cosas. Si las vacaciones son buenas, seguramente es porque se acaban.

Lo que no deberíamos olvidar es que tanto predicamento, al menos en nuestro entorno social y cultural, de la figura de Papa Noel obedece a un principio comercial claro cual es el de vender, vender, vender y cuanto más mejor. A ver si no es cierto que en la intención de los grandes almacenes no esta el que se compren juguetes y regalos por Papa Noel y también por Los Reyes Magos. Que una cosa es la tradición, incluso la religiosa, y otra la vida real. Y así les va. En este momento, comercios que venden juguetes andan entre el 25 y el 40 % e incluso una muy conocida cadena de los USA, especializada en juguetes, anuncia descuentos del 50 %. Lo dice el refrán, la avaricia, con ayuda de la crisis, rompe el saco. Lo porte quien lo porte.

Con todo, lo que no tengo muy claro es que voy a contarles a mis vástagos. Podría valer que Papa Noel trabaja para sus majestades de Oriente adelantándoles trabajo, mentira podrida, si no se pueden ni ver. O también que, en nuestro entorno y tradición, es un advenedizo impuesto por los vendedores, aquí voy mejor, pero lo mismo no lo entienden. En fin, ya improvisaré.