martes, 16 de marzo de 2010

La cultura no interesa


Desde hace tiempo tengo una sensación incomoda para la que, en realidad, no tengo muchos elementos de juicio y se basa en algo que no me ofrece mucha seguridad cual son las generalidades pero allá va. La sensación es que, ahora, por supuesto, la cultura no interesa. No mientan, que no es preciso. Ya tengo claro que todo el mundo ve la 2. Decía que la cultura no interesa y como corolario, se lee menos.

Carezco de datos contrastables, eso es obvio, pero basta comentar un poco con los compañeros de trabajo, personas más cerca de los 50, incluso ya superados, que de los 40 y que, refiriéndose a sus propios hijos, hacen esa observación. Se trata de “chavales” que han cursado estudios superiores, vamos que tienen ya una predisposición, pero que no les cuadra dedicar un rato a tan poco lucrativo menester. Y así nos va.

Esos chavales son, para eso han estudiado, los que progresan. Avanzan. Con suerte encuentran un trabajo, se convierten en profesionales de pro y les ocurre lo que paso el otro día en la cadena de Televisión autonómica de Madrid, Telemadrid. El reportaje emitido versaba sobre una muchacha que, desde Marruecos, había sido trasladada a Madrid para ser objeto de atención médica. Desconozco como se denominan en la jerga periodística a esos, yo los llamo titulares, que aparecen sobrescritos en la pantalla pero este fue, al menos, durante unos 20 segundos muy esclarecedor “…viene a España ha curarse”. No se trata de una errata mía ni lo han leído mal. Estuvo en “el aire” en directo hasta que desde producción alguien debió dar “una voz” y se corrigió. No tuve tiempo de inmortalizar el momento, “tempus fugit”, con una fotografía que ilustrase estas líneas. Fueron más rápidos.

Esto viene al hilo de otra curiosa anécdota que surgió en mi entorno. El hijo de un familiar muy cercano vino a estudiar “a la capital” y se alojo un tiempo con mi hermano. El mozo en cuestión llego a Madrid con 18 tiernas primaveras y unas ganas enormes de regresar, cada fin de semana, a su casa para ver a los amigos/novia, que se fueron mitigando conforme Madrid dio todo lo que tenía que dar de sí. Dado que la Universidad en la que iba a pasar los próximos años estaba retirada del que, ahora, iba a ser su domicilio, era menester emplear cerca de 2 horas y media al día, como poco, entre la ida y la venida, en transporte público.

Tonto de mi entreví una oportunidad opípara para que leyese, o repasase apuntes, y rellenar ese tiempo, en apariencia vacio, combatiendo el aburrimiento y culturizándose de paso y así se lo hice saber al zagal. Craso error el mío. Aquello no era viable y no porque se marease o similar en los medios de transporte. No que va. La respuesta fue mucho más cercana, contundente y sencilla. “¿Aburrirme en el transporte público? No hombre. Para eso ya tengo el teléfono móvil. Me pongo con un juego y ya está”.

Como diría el ínclito Jesulin de Ubrique. En dos palabras: Im presionante y menos mal que no le mencione que leyera a los Clásicos. Si lo llego a hacer seguro que me hubiese mirado como si fuera, tal vez lo soy, un Dinosaurio.

2 comentarios:

Antonio Parra Sanz dijo...

Pues aquí van las palabras de otro dinosaurio que, además, a diario lidia con esas nuevas especies, "culmen del progreso "intelectural" (mira, se me había colado una errata, pero me gusta más así la palabra). Apañaítos iríamos, Roberto, si fuéramos como ellos, y aunque cueste, hay que seguir impulsando la cultura, porque aunque cien rebuznen, cuando hay uno que bala, ha merecido la pena. Un abrazo

PS: Y a ver si no tardas tanto en volver a activarte "blogísticamente"

Roberto Fernández Puente dijo...

Muchas veces cuando reflexiono sobre el particular intento ponerme en la piel de todos aquellos que lidiais a diario con estos "animalicos" y me entran escalofrios.

Un abrazo.